domingo, 29 de septiembre de 2013

Capitulo 2 Mi perfecto desastre


Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las mujeres se le lanzaran por lo que él consideraba mi actitud fría como algo refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia.
Eleanor apuntó el control remoto al televisor y la encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere saber dónde está Baby Jane?
Harry se puso de pie. —Estaba a punto de ir a cenar. ¿Tienes hambre, Pidge?
—Ya comí —me encogí de hombros.
—No, no lo has hecho —dijo Ele, antes de darse cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvidaba que tú tomaste una ¿pizza? Antes de irnos.

Hice una mueca ante su miserable intento de arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Harry.
Él cruzó la habitación y abrió la puerta.
—Vamos. Tienes que tener hambre.
— ¿A dónde vamos?
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una pizzería.
Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestida.
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.

Me puse de pie y me despedí de Eleanor, pasando a Harry para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con horror como él se montó en una motocicleta de color negro.
—Uh… —No supe que decir, arrugando los dedos de mis pies expuestos.
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré lento.
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en el tanque de gas demasiado tarde.
—Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando sandalias!
Harry se me quedó mirando como si hubiera hablado en un idioma extranjero. —Y yo llevo botas. Sube.

Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera.
Harry me agarró de las muñecas y las envolvió en torno a su cintura. —No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Pidge. No me sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies.
Con un movimiento de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Harry, sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su hombro.
Él aceleró el acelerador cuando nos detuvimos en la entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a la seguridad del concreto.
— ¡Eres un loco!
Harry se echó a reír, apoyando su motocicleta sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad.
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije, soltándome el moño para desenredar mi cabello con los dedos.

Harry me vio retirar el pelo de mi rostro y luego se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara, Pigeon.
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a comer, y mirando a otro lado ante las miradas curiosas de los estudiantes de Eastern.
—Claro, Harry —dijo la camarera, escribiendo nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras regresaba a la cocina.
Acomodé mi cabello detrás de mis orejas, de repente avergonzada por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente.

Harry se inclinó sobre la mesa con los codos, sus ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Pidge? ¿Eres una odia-hombres en general o sólo me odias a mí?
—Creo que sólo a ti —me quejé.
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única chica que ha estado disgustada conmigo antes del sexo. No te pones nerviosa cuando hablas conmigo y no tratas de llamar mi atención.
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara.
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el sólo hecho de tener una vagina. —Me concentré en los granos de sal en la mesa hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Harry.
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa. — ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a aceptar un no por respuesta.
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir que tratarás de meterte en mis bragas cada cinco segundos.
—No dormirás conmigo. Lo entiendo.

Traté de no sonreír, pero fallé.
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni siquiera pensaré en tus bragas… a menos que quieras que lo haga.
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos.
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—. ¿Siempre has sido Harry “Mad Dog” Styles o sólo desde que llegaste aquí? —Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado.
—No. Adam comenzó eso después de mi primera pelea.
Sus respuestas cortas estaban comenzando a fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo?
— ¿Qué quieres saber?
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres ser cuando seas grande… cosas así.
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome en justicia criminal.

Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los enderezó junto a su plato. Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de fútbol soccer de Eastern estalló en carcajadas, y Harry parecía estar molesto por lo que se reían.
—Estás bromeando. —le dije con incredulidad.
—No, soy un local. —dijo él, distraído.
—Me refería sobre tu especialidad. No pareces ser el tipo de justicia criminal.
Sus cejas se juntaron, de pronto concentrado en nuestra conversación. — ¿Por qué?
Recorrí los tatuajes que cubrían su brazo. —Sólo voy a decir que pareces más criminal y menos justicia.
—No me meto en problemas… en su mayor parte. Papá era muy estricto.
— ¿Dónde estaba tu mamá?
—Ella murió cuando yo era niño, —dijo como sin nada.
—Yo… yo lo siento. —dije, sacudiendo la cabeza. Su respuesta me pilló con la guardia baja.
Rechazó mi simpatía. —No me acuerdo de ella. Mis hermanos lo hacen, pero yo sólo tenía tres años cuando murió.
—Cuatro hermanos, ¿eh? ¿Cómo logras mantenerlos en regla? —Me burlé.
—Los mantengo por quien golpea más fuerte, lo que también es de mayor a menor. Thomas, los gemelos… Taylor y Tyler, y Trenton. Nunca, nunca estés sola en un cuarto con Taylor y Tyler. Aprendí la mitad de lo que hago en el Circulo de ellos. Trenton era el más pequeño, pero él es rápido. Él es el único que puede azotarme un golpe, ahora.

Negué con la cabeza, atónita ante la idea de cinco Nick corriendo en un hogar. — ¿Todos tienen tatuajes?
—Más o menos. Excepto Thomas. Él es un ejecutivo de publicidad en California.
— ¿Y tu papá? ¿Dónde está?
—Por allí —dijo. Su mandíbula tensa nuevamente, cada vez más irritado con el equipo de fútbol.
— ¿De qué se están riendo? —Pregunté, señalando a la mesa ruidosa. Él negó con la cabeza, claramente sin querer compartir. Me crucé de brazos y me retorcí en mi asiento, nerviosa sobre lo que estaban diciendo que le causó tanto enfado. —Cuéntame.
—Se están riendo de mí por tener que llevarte a cenar, primero. No es por lo general… lo mío.
— ¿Primero? —Cuando la comprensión se posó en cara, Harry hizo una mueca de dolor al ver mi expresión. Hablé antes de pensar—. Y yo que tenía miedo de que se estuvieran riendo de ti por ser visto conmigo así vestida, y ellos creen que voy a dormir contigo —me quejé.
— ¿Por qué no querría ser visto contigo?
— ¿De qué estábamos hablando? —Pregunté, tratando de evitar el sonrojo en mis mejillas.
—De ti. ¿Cuál es tu especialidad? —preguntó.
—Oh, eh… educación general, por el momento. Todavía estoy indecisa, pero me estoy inclinando hacia contabilidad.
—Tú no eres de aquí, sin embargo. Debes ser un trasplante.
—Wichita. Igual que Eleanor.
— ¿Cómo llegaste hasta aquí desde Kansas?
Cogí la etiqueta de la botella de cerveza. —Sólo teníamos que escapar.
— ¿De qué?
—Mis padres.

—Oh. ¿Qué hay sobre Eleanor? ¿Ella tiene problemas con sus padres, también?
—No, Mark y Pam son geniales. Ellos prácticamente me criaron. Ella sólo vino a lo largo; ella no quería que viniese sola.
Harry asintió con la cabeza. —Así que, ¿por qué Eastern?
— ¿Qué pasa con el tercer grado? —Le dije. Las preguntas estaban dirigiéndose de una pequeña charla a lo personal, y estaba comenzando a sentirme incómoda.

Varias sillas entrechocaron cuando el equipo de fútbol abandonó sus asientos. Intercambiaron una última broma antes de serpentear hacia la puerta. Los que estaban en la parte trasera empujaron a los de adelante para escapar antes de que Harry hiciera su camino a través de la habitación. Se sentó, obligando a la frustración y la ira a desvanecerse.
Levanté una ceja.
—Ibas a decir por qué elegiste Eastern —dijo.
—Es difícil de explicar, —le dije, encogiéndome de hombros—. Creo que sólo se sentía bien.
Él sonrió cuando abrió el menú. —Sé lo que quieres decir.

Caras conocidas ocupaban los asientos de nuestra mesa del almuerzo favorita. Eleanor se sentó en un lado de mí, Finch en el otro, y el resto de los asientos fueron interceptados por Louis y hermanos Sigma Tau. Era difícil de escuchar con el ruido dentro de la cafetería, y el aire acondicionado parecía estar descompuesto nuevamente. El aire estaba cargado con el olor de comida frita y piel sudorosa, pero de alguna manera todo mundo parecía tener más energía de lo habitual.

—Hola, George —dijo Louis, saludando al hombre que estaba sentado delante de mí. Su piel aceitunada y ojos color chocolate contrastaba con la gorra blanda del equipo de futbol de Eastern.
—Te perdí después del partido del sábado, Lou. Bebí una o seis cervezas en tu honor. —dijo con una amplia y blanca sonrisa.
—Te lo agradezco. Llevé a Ele a cenar. —dijo, inclinándose para besar la cabellera de Eleanor.
—Estás sentado en mi silla, George.
George se volvió a ver a Harry parado detrás de él, y luego me miró a mí, sorprendido. —Oh, ¿es ella una de tus chicas, Harry?
—Absolutamente, no. —dije, sacudiendo la cabeza.

George miró a Harry, quien lo miraba expectante.
George se encogió de hombros y luego tomó su bandeja al final de la mesa.
Harry me sonrió mientras se acomodaba en el asiento. — ¿Qué hay de nuevo, Pidge?
— ¿Qué es eso? —Pregunté, incapaz de apartar mi mirada de su bandeja. La comida misteriosa en su plato parecía una exhibición de cera.

Harry se echó a reír y tomó un sorbo de su vaso de agua. —Las señoras de la cafetería me asustan. No criticaré sus habilidades culinarias.
No puede ignorar las miradas de los que estaban sentados en la mesa. El comportamiento de Harry despertaba su curiosidad, y reprimí una sonrisa al ser la única chica a la que habían visto insistir en sentarse cerca.
—Ugh… el examen de Bio es después del almuerzo, —se quejó Eleanor.
— ¿Has estudiado? —Le pregunté.
—Dios, no. Pasé toda la noche tranquilizando a mi novio de que no dormirías con Harry.

Los jugadores de fútbol sentados al final de la mesa detuvieron su desagradable risa para escuchar más de cerca, provocando a los demás estudiantes darse cuenta. Miré a Eleanor, pero ella no le importaba la culpa, empujando a Louis con el hombro.
—Jesús, Lou. Lo pasas tan mal, ¿eh? —preguntó Harry, lanzando un paquete de salsa de tomate a su primo. Louis no contestó, pero sonrió con diversión en dirección a Harry.
Eleanor frotó su espalda. —Él va a estar bien. Sólo le tomará un tiempo para creer que _______ es resistente a sus encantos.

—No he tratado de seducirla —resopló Harry, pareciendo ofendido—. Ella es mi amiga.
Miré a Louis. —Te lo dije. No tienes nada de qué preocuparte.
Louis finalmente me vio a los ojos, y al ver mi expresión sincera, sus ojos se iluminaron un poco.
— ¿Tú estudiaste? —me preguntó Harry.
Fruncí el ceño. —Ninguna cantidad de estudio me va a ayudar con la Biología. Es algo que no puedo entender del todo.
Harry se puso de pie. —Vamos.
— ¿Qué?
—Vamos a tomar tus notas. Voy a ayudarte a estudiar.
—Harry…
—Levanta tu trasero, Pidge. Vas a aprobar ese examen.

Tiré una de las largas trenzas rubias de Eleanor mientras pasaba. —Nos vemos en clase, Ele.
Ella sonrió. —Te voy a guardar un asiento. Necesitaré toda la ayuda que pueda conseguir.
Harry me siguió hasta mi habitación y saqué mi guía de estudio mientras él abrió el libro. Me interrogó sin descanso, y luego aclaró algunas cosas que no entendía. En la forma en que él explicaba, los conceptos pasaron de ser confusos a obvio.
—… Y las células somáticas usan mitosis para reproducirse. Eso es cuando tienes las fases. Suenan como una especie de nombre de mujer: Prometa Anatelo.
Me eché a reír. — ¿Prometa Anatelo?
—Profase, Metafase, Anafase y Telofase.
—Prometa Anatelo, —repetí, asintiendo con la cabeza.
Golpeó mi cabeza con los papeles. —Lo tienes. Ahora sabes esta guía al derecho y al revés.
Suspiré. —Bueno… ya veremos.
—Te acompañaré a clase. Te cuestionaré en el camino.
Cerré la puerta detrás de nosotros. —No te enfadarás si repruebo el examen, ¿verdad?
—No reprobarás, Pidge. Tenemos que empezar antes del siguiente, sin embargo, —dijo, caminando junto a mí hacia el edificio de ciencia.
— ¿Cómo vas a darme clases particulares, hacer tu tarea, estudiar y entrenar para tus peleas?
Harry se echó a reír. —No entreno para mis peleas. Adam me llama, me dice dónde es la lucha y voy.

Sacudí mi cabeza con incredulidad mientras él sostenía el papel delante de él para hacer la primera pregunta. Estuvimos a punto de terminar una segunda ronda de la guía de estudio cuando llegamos a mi clase.
—Patea sus traseros —él sonrió y me entregó las notas apoyándose en el marco de la puerta.
—Hola, Harry.
Me volví para a un chico alto, algo desgarbado, sonreírle a Harry en su camino al salón de clases.
—Liam —Harry asintió con la cabeza.
Los ojos de Liam se iluminaron un poco cuando me miró, y él sonrió. —Hola, _______.
—Hola. —dije, sorprendida de que él supiera mi nombre. Lo había visto en clase, pero nunca había hablado con él.

Liam continuó a su asiento, bromeando con los que se sentaban junto a él. — ¿Quién es? —Le pregunté.
Harry se encogió de hombros, pero la piel alrededor de sus ojos parecía más tensa que antes. —Liam Hayes. Es uno de mis hermanos de Sig Tau.
— ¿Estás en una fraternidad? —Pregunté, dudosa.
—Sigma Tau, al igual que Lou. Pensé que ya lo sabías. —dijo, mirando más allá de mí a Liam.
—Bueno… no pareces el tipo de fraternidad. —le dije, mirando a los tatuajes en sus antebrazos.
Harry volvió su atención hacia mí y me sonrió. —Mi papá es un ex alumno, y todos mis hermanos son Sig Tau… es una cosa de familia.
— ¿Y ellos esperan que jures? —Le pregunté, escéptica.
—En realidad no. Sólo son chicos buenos —dijo, agitando mis papeles—. Es mejor que vayas a clase.
—Gracias por ayudarme —le dije, dándole un codazo. Eleanor pasó y la seguí a nuestros asientos.
— ¿Cómo te fue? —Preguntó ella.
Me encogí de hombros. —Es un buen tutor.
—Es un buen amigo, también.

Ella parecía decepcionada, y reí ante la expresión de su rostro.
Siempre había sido el sueño de Eleanor que ambas saliéramos con amigos en común, y chicos que fueran primos para ella era sacarse el premio mayor. Ella quería compartir la misma habitación cuando decidió venir conmigo a Eastern, pero veté su idea, con la esperanza de extender mis alas un poco. Una vez que terminó de hacer pucheros, se centró en la búsqueda de un amigo de Louis al cual presentarme.

El sano interés de Harry hacia mí había superado sus expectativas.
Terminé rápidamente la prueba y me senté en las escaleras del edificio, esperando a Eleanor. Cuando ella se dejó caer a mi lado en derrota, esperé a que hablara.
— ¡Eso fue horrible! —Exclamó.
—Deberías de estudiar con nosotros. Harry lo explica muy bien.
Eleanor gimió y apoyó la cabeza en mi hombro.
— ¡Tú no fuiste ayuda en absoluto! ¿No podrías haberme dado un guiño de cortesía o algo así? —Enganché mi brazo alrededor de su cuello y caminé con ella hasta nuestro dormitorio.

Durante la siguiente semana, Harry me ayudó con mi trabajo de historia y me tuteó en Biología. Nos paramos juntos escaneando la lista de calificaciones fuera de la oficina del profesor Campbell. Mi número de estudiante estaba a tres puntos de la cima.
— ¡La tercera calificación más alta en el examen! ¡Bien hecho, Pidge! —Dijo, abrazándome. Sus ojos brillaban de emoción y orgullo, y un sentimiento extraño me hizo dar un paso atrás.
—Gracias, Harry. No podría haberlo hecho sin ti. —le dije, tirando de su camiseta.

Él me tiró sobre su hombro, abriéndose camino entre la multitud detrás de nosotros. — ¡Abran paso! ¡Muévanse, gente! ¡Vamos a darle paso a esta pobre mujer con un desfigurado, horrible y descomunal cerebro! ¡Ella es un jodido genio!
Me reí ante las expresiones divertidas y curiosas de mis compañeros de clase.
Como pasaban los días, nos vimos involucrados en los rumores sobre una relación. La reputación de Harry ayudó a calmar los chismes. Él nunca se había quedado con una chica más de una noche, así que cuantas más veces se nos veía junto, más gente entendía nuestra platónica relación por lo que era. A pesar de las constantes preguntas de nuestro compromiso, el flujo de atención que Harry recibía de sus compañeros no cedió.

Él siguió sentándose a mi lado en historia y comiendo conmigo en el almuerzo. No tomó mucho tiempo darme cuenta que me había equivocado sobre él, incluso mostrándome defensiva ante a los que no conocían a Harry como yo lo hacía.
En la cafetería, Harry puso una lata de jugo de naranja delante de mí.
—No tenías por qué haberlo hecho. Yo iba a tomar uno —dije, quitándome la chaqueta.
—Bueno, ahora no tienes que hacerlo. —dijo, mostrando el hoyuelo en la mejilla izquierda.
George dio un resoplido. — ¿Ella te convirtió en mandilón, Harry? ¿Qué sigue después, abanicarla con una hoja de palmera, mientras usas un Speedo?

Harry le lanzó una mirada asesina y salté a su defensa. —Tú no podrías llenar un Speedo, George Cierra tu estúpida boca.
— ¡Tranquila, ________! ¡Estaba bromeando! —dijo George, levantado sus manos.
—Sólo… no hables así de él. —le dije, frunciendo el ceño.
La expresión de Harry era una mezcla de sorpresa y gratitud. —Ahora sí que lo he visto todo. Acabo de ser defendido por una chica, —dijo, poniéndose de pie. Antes de irse con su bandeja, ofreció una mirada de advertencia a George, y luego salió para reunirse junto a un pequeño grupo de fumadores fuera del edificio.

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